lions and pancakes

I crostoli – dulces del Carnaval friulano

8 Febrero, 2010 · 3 comentarios

Esta semana es, para mi, Carnevale. En Venecia ha empezado ayer con el Volo dell’Angelo [aquí un post con muchas fotos de este año], mientras que en Pordenone, mi ciudad natal, se celebra los últimos días desde el jueves anterior (Giovedì Grasso) hasta el Martedí Grasso.

El último día es la locura, cuando ir por el centro quiere decir ruido, bromas y espuma de afeitar en la ropa (o en la cabeza). En otras ciudades echan harina, cuentan que incluso huevos. Cuando yo era chica, en Pordenone la espuma de afeitar (mentolada) era lo que se llevaba.

En el colegio, e incluso en el instituto, Martedì Grasso se podía ir disfrazados. Mi fuerte era ir de Pippi Calzelunghe (Pipi Calzaslargas): la cara, el pelo y la mala lengua las tenía naturales. Mi padre ideó una estructura de alambre encima de la cual me hacía las trenzas, que quedaban así perfectamente horizontales (y se podían además doblar cual alas del casco de Asterix).

El dulce más típico y amado de Carnevale, por lo menos al norte, son los crostoli. En Friuli se llaman así, en otras regiones tienen un nombre distinto: galani en Venecia, bugie en Liguria, frappe, chiacchiere, cenci en Toscana. En Galicia están los orejas de Carnaval, en Francia las marveilles y los bottereaux, en Suiza los Fasnachtschüechli. (Si alguien tiene noticia de dulces parecidos en otros países, ¡me encantaría oirlo!)

Éste es sólo uno de los vídeos que hay en You Tube de cómo hacer estos dulces. Cada uno es distinto – la forma de amasar, de extender, de cortar, de freir los dulces es algo distinta en cada uno. Mis cróstoli tienen un poco de cada vídeo. Os invito a fijaros en las tablas de madera encima de la mesa de cocina, en cada vídeo se ve una distinta: es la tabla para hacer la pasta, que está en el cuartucho, o detrás de la puerta, o en un armario, y se saca cuando es un día especial.

Las recetas son todas parecidas: harina y huevo, con levadura, mantequilla y un alcohol aromático (grappa, marsala, sambuca, orujo, oloroso, anís) que se deja reposar para luego extender una masa muy fina.

Es común comprarlos en pastelerías, que logran hacerlos finos y casi impalpables, en la boca se convierten en una nube crujiente de azúcar. En casa salen algo más toscos, pero igual de deliciosos.

Para extender la masa es muy útil tener la máquina de hacer pasta; yo tengo una clásica Imperia (regalo de mi padre cuando me vine a vivir a España). A falta de Imperi, hay que trabajar bien de rodillo. León me ayudó a extender la masa, él accionaba la manivela, yo pasaba los trozos de masa, que según se hacen más finos se vuelven más delicados de manejar.

Frappe, chiacchiere, galani, cenci

CROSTOLI

  • 350 g de harina de repostería
  • 100 g de azúcar
  • un huevo y 3 yemas
  • una pizca de sal
  • 40 g de mantequilla fundida
  • 8 g de levadura química
  • la ralladura de una naranja y de un limón
  • un vasito (50 ml) de orujo, oloroso seco y vino blanco (uno o más de los tres alcoholes, al gusto)
  • aceite de oliva y/o de semillas para freír
  • azúcar para espolvorear

En un bol juntar todos los ingredientes. Pasar la masa a la encimera y trabajar mucho tiempo hasta que sea homogénea y elástica.  Envolverla en película tramsparente y dejar reposar en el frigorífico una media hora.

Extender la masa, un trozo a la vez (del tamaño de una pelota de tenis), en la máquina para la pasta si la tenéis o con un rodillo. Ir recortando la masa, si es posible con una rueda dentada como esta, si no con un cortapizza o un cuchillo, en rectángulos de  unos 15 x 8 cm. Incidir también dentro del rectangulo, a lo largo, una o dos veces, para que el cróstolo no se doble sobre si mismo al freir (por esta misma razón es mejor hacer los bordes dentados).

Freír en abundante aceite caliente, retirar con la espumadera en cuanto se hayan hinchado y dorado, dejarlas secar en papel de cocina, espolvorear con azúcar (normal o glas) y servirlas en seguida.

Aguantan dos o tres días en una lata hermética.

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En qué voy ocupada (ragú a la napolitana)

4 Febrero, 2010 · 3 comentarios

Sigo testando recetas, y aunque ésta no llegará al taller de pasta, he querido quitarme el antojo de hacer el ragú a la napolitana. Arriba se ve la carne después de sólo 2 horas de cocción – ha llegado a cocer 8 horas en total.

Ando muy liada con las pruebas y los planes, así que no puedo escribir mucho. Hoy sólo he querido daros un poco de hambre (sí, es la mejor salsa que haya probado EVER).

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¿Cómo organizar las recetas?

1 Febrero, 2010 · 5 comentarios

Sigo más de 120 blog o web de cocina, cada semana hay una docena (como mínimo) de recetas que me apetece hacer, así que las guardo para el futuro.

Las guardo, sí, pero ¿cómo?

Hace tiempo, las guardaba en los favoritos. Pero era demasiado fácil de hacer, y difícil de encontrar luego – aunque tuviera distintas carpetas para organizarlas.

Google Reader – Aquí es donde encuentro muchas de las recetas que me interesan, y aquí mismo hago la primera criba. Cuando considero que algo es bastante importante le pongo una estrellita. De esta manera no se pierde con todos los demás. Si es algo que creo que me puede venir útil pero no es una receta, lo envío a Evernote (hablo de él más adelante), donde puedo etiquetar todas las entradas y guardar imágenes, textos y vídeos, incluso juntándolos en un mismo fichero – esto es muy útil cuando estoy investigando acerca de un tema.

File Maker – Tengo, desde 1998, una base de datos en File Maker que he ido cambiando y adaptand a mis necesidades. Ahí paso las recetas que realmente pienso querer hacer en algún momento. No sólo están las recetas copiadas de la web, también las de revistas y libros que me gustan. Implica un poco de trabajo (léase: tiempo) introducirlas pero me merece la pena. En File Maker (y su hermano pequeño, Bento, que he conocido hace poco gracias a @eduo) puedo hacer búsquedas en todos los campos; añado además modificaciones y anotaciones. Para señalar que he hecho una receta lo hago de una sencilla forma visual, cambiando el color del título.

Eat Your Books – Para quien maneje el inglés, señalo un interesante sitio que permite hacer búsquedas en muchísimos libros de recetas. Las recetas están indexadas por autor, título e ingredientes, pero no se encuentra el texto de la receta. La idea es que podamos saber en cuáles de los libros que tenemos (si, como yo, se tienen más de un centenar de libros de cocina) se encuentra la receta que buscamos. En My Bookshelf podemos ir guardando los libros que efectivamente poseemos, así la búsqueda será siempre  entre esos; o podemos buscar en todos los libros, y quizás así encontrar algo que nos interesa. El servicio es gratuito los primeros 30 días, después tiene un coste de 25 $ al año. Aún no tengo claro que merezcla la pena – tengo quince días para pensarlo.

Evernote – Evernote está recibiendo muy buenas opiniones, y yo lo utilizo para organizar la información que encuentro online. Para las recetas no me acaba de convencer, teniendo ya el doble sistema de filtrado de GReader y catalogación de File Maker. Algunos como The Kitchn lo consideran interesante.

Nicky de Delicious Days (blog que me encanta sea por sus recetas que por su aspecto: a que es fantástico?) acaba de sacar una aplicación, recipeShelf, que gira en web y iPhone. No he tenido aún el tiempo de probarla, lo haré cuanto antes.

Y vosotros, ¿cómo guardáis (y organizáis) las recetas?

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Bigoli in salsa – espaguetis con salsa de anchoas

28 Enero, 2010 · 2 comentarios

Estoy preparando un taller sobre la pasta, por ello estoy organizando los distintos tipos de salsas con las que se puede acompañar: con tomate, con aceite, con huevo, con verduras, con carne… Estos bigoli in salsa pertenecen seguramente a la familia del aceite, como los spaghetti aglio e olio (ajo y aceite) o con la mollica (con miga de pan, o pan rallado).

Es una receta típica veneciana, que se puede comer en muchos bacari. En los bacari no sólo se come en la barra los cicchetti –verdaderas tapas, una de las varias similitudes entre Venecia y España –, se puede también tomar asiento en las mesitas y tomar algún plato caliente, a menudo a base de pescado local. A los bacari se suele ir al mediodía, también para un aperitivo antes de ir a casa a comer: lo suyo es tomar una ombra (una “sombra”: una copa de vino, blanco o tinto) y un cicchetto (un cubo de mortadella, un poco de baccalá mantecado,  un pequeño calamar a la plancha, una sarda en saor – sardina en escabeche con cebolla -, me sale la piel de gallina sólo al recordar esos bocados exquisitos!). Aquí, un post donde se explica bastante bien todo esto en español.

Los bigoli son unos espaguetis típicos del Veneto, gruesos, que se hacen en casa. Antes de que se hiciera la pasta seca comercial, ésta era la pasta que se consumía, y cada región (o incluso provincia) tiene su receta típica. Aquí un post de un señor que los hace en su casa (además de escribir de muchas más cosas interesantes), y aquí un post de La Zuccheriera, otra italiana trasplantada en España.

En casa se sustituyen sin problemas con spaghettoni (nº7).En mi casi 13 años en España he probado muchas marcas de pasta ninguna marca española ha ido más allá de incomestible. Sigo recomendando Barilla, que se encuentra en muchos supermercados. Si la ocasión es especial, merece la pena pagar más para De Cecco, que se encuentra en tiendas especializadas (en Sevilla, en Il Mercatino Italiano o en Makro) o en el Club del Gourmet de El Corte Inglés.

La salsa de anchoas es una de las muchas recetas del recetario tradicional judío veneciano. Como en muchas ciudades italianas, la comunidad judía era muy arraigada, y su relación osmótica con Venecia se extendía a la cocina. (Si vais a Venecia, no dejéis de visitar el Ghetto – sabíais que la palabra gueto viene justamente de ahí?).

Un último apunte: esta receta es sencilla, pero no económica, sobre todo ahora. Con el descenso en capturas de anchoas, los precios han subido mucho, aunque no sean anchoas del Cantábrico (que están en parada biológica desde hace cinco años). Dos latas salen como mínimo por 4 euros – no mucho en absoluto pero sí para hacer una salsa de pasta. Así que cuando hagáis este plato, no muy a menudo, disfrutádlo como se merece.

BIGOLI IN SALSA (ESPAGUETIS CON SALSA DE ANCOHAS)

Receta adaptada de Claudia Roden, “The Book of Jewish Food

  • 300 g de espaguetis, si son integrales mejor
  • Sal gorda
  • 100 ml de aceite de olive virgen extra, preferiblemente de sabor suave
  • 60 g de filetes de anchoas en aceite (2 latas)
  • 3 dientes de ajo, picados finamente o pasados por el prensa ajos
  • un buen manojo de perejil, picado finamente
  • pimienta negra

Mientras hierve el agua de la pasta, preparar la salsa: en una sartén calentar 3 cucharadas de aceite junto con el ajo. Cuando se empiece a oler el aroma del ajo, añadir los filetes de anchoa e ir mezclando con una cuchara de madera para que vayan derritiéndose.

Cocer la pasta muy al dente (recordad: agua hirviendo, 8-10 g de sal gorda por cada litro de agua, no añadir aceite, mezclar de vez en cuando la pasta para que no se pegue). Escurrirla y echarla enseguida a la sartén, con un poquito del agua de cocción (menos de un cazo) si os acordáis. Añadir el resto del aceite, el perejil picado, la pimienta y mezclar bien.

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Tom Yam Kum – sopa tailandesa agria y picante

25 Enero, 2010 · 2 comentarios

Soy una cocinera poco social. No me gusta que me ayuden cuando estoy en acción, ni que me vayan preguntando cosas: estoy cocinando. Agradezco que haya alguien más en la cocina para darme conversación y tenerme compañía con una copa de vino. Yo y Juan hemos aprendido muy pronto en nuestra relación que no podemos estar a la vez en la cocina (por eso cuando os invitamos a cenar la comida suele ser preparada por el uno o el otro).

Hasta el jueves pasado. Iba a preparar este Tom Yam Kum, y León me rogó – juntando las manos y mirándome con ojos de cerbatillo – “Per favore, per favore, per favore, déjame ayudarte a cocinar!”.

Corazón con doble vuelta en el pecho.

Le he puesto su delantal, y acercado el taburete para alcanzar la encimera. Él ha leído la receta, y ha esperado con paciencia que sacara lo necesario – báscula, cuchillos, cucharas medidoras. Le he visto tan atento y dispuesto que he decidido ir a por todas: le he dado un cuchillo.

Le he explicado que hay que apoyar bien lo que vamos a cortar; que hay que tener cuidado con los dedos; que hay que apoyar la punta del cuchillo e ir haciendo movimientos de tijera. Vale, esto último igual podría haberlo guardado para la clase avanzada. Le he pasado los champiñones, y los ha cortado en cuartos. Todos. Él sólo. Ha troceado los champiñones para nuestra cena.

Le he seguido dando instrucciones, y ha hecho prácticamente todo: ha medido el caldo en la olla. Ha encendido el fuego (tenemos inducción). Medido la pasta de tom yam kum. La cuchara de salsa de pescado (yo vertía y él medía). Añadido a la olla las hojas de keffir y el lemongrass picado (eso lo he picado yo, ya que requería más fuerza). Y. Lo mejor.

Ha pelado las gambas.

Despacio, cada gamba suya yo pelaba cinco. Con cara de asco y repelús – la aguilla de la cabeza, las patas, no le gustaba nada. Le he dicho que me estaba ayudando mucho, ha mirado el puñado de gambas que quedaban para pelar, ha levantado las cejas y ha suspirado: “Vale”.

Iba a hablar de la cocina tailandesa, de como la hemos descubierto, de sus sabores únicos. Pero este post va todo para León, que se ha ganado él solito el título de sous-chef en mi cocina.

Esta sopa es picante. Muy picante. Boca-anestetizada-picante. Si no estás seguro de tu nivel de resistencia al picante, empieza con medio chile, siempre puedes añadir luego.

TOM YAM KUM – SOPA TAILANDESA AGRIA Y PICANTE

Receta adaptada de Nigella Lawson, “Nigella Bites”

  • 1,5 lt de caldo de pollo
  • 1 cucharada llena de pasta Tom Yam Kum*
  • 4 hojas de lima kaffir*
  • 1 rama de lemongrass, cortada en trozos gruesos*
  • el zumo de 1 lima
  • 4 cucharadas de salsa de pescado*
  • 3 chiles rojos tailandeses*, finemente picados
  • 1 cucharita de azúcar
  • 150 g de champiñones, cortados en cuartos
  • 500 g de gambas o langostinos, crudos y pelados (pueden ser congelados: descongelar antes de utilizarlos)
  • cilantro fresco picado

*estos ingredientes se encuentran en los supermercados chinos-asiáticos. En Sevilla los encuentro sin problemas en el Hiperoriente, las hojas de lima keffir y el lemongrass están congelados.

En una olla poner a calentar el caldo.

Añadir la pasta de Tom Yam Kum, las hojas de lima keffir, el lemongrass, el zumo de lima, la salsa de pescado, los chiles y el azúcar.

Llevar a ebullición, añadir los champiñones, bajar el fuego y dejar cocer un par de minutos.

Añadir las gambas y cocer otros 2-3 minutos, o hasta que las gambas estén hechas pero aún tiernas.

Espolvorear de cilantro picado y distribuir entre boles. Se pude añadir más cilantro o zumo de lima en la mesa, según el gusto.

Corazón con doble vuelta en el pecho.

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Hummus – las recetas de la #twittarta navideña

18 Enero, 2010 · 4 comentarios

He estado unos minutos con la mirada perdida en el vacío, intentando recordar cuándo, dónde comí hummus por primera vez. Y cuando la memoria ha llegado, de pronto, he soltado una carcajada. Becki, Woodbridge, Inglaterra, verano del 1990.

Sé que lo que se dice, por ahí, es que en Gran Bretaña se come mal. Yo creo que la comida británica – que no es necesariamente lo que comes cuando vas a Gran Bretaña – tiene un porqué y un contexto (climático), y sí me parece rica e interesante. Entonces yo estaba en mi primer largo viaje por mi cuenta, e Inglaterra con 17 años fue un descubrimiento de nuevo sabores.

Recuerdo los cracker de agua con mantequilla salada, dorada y untuosa, acompañados de Stilton. O el cottage cheese con pepino picado dentro. O los sandwich, hechos con pan de molde bueno, sabroso, suave. Rellenos sencillamente de cheddar y pickle – algo que para mi aún ahora es comfort food. Y el hummus, que venía del supermercado en pequeñas tarrinas de plástico.

Después lo he comido muchas veces, pero siempre ya preparado: en Marks & Spencer tenían uno bastante bueno, y en Delina’s (que, no es casualidad, fue una copia fiel -excepto en los derechos de imagen- de Pret A Manger) se usaba para aliñar las ensaladas.

Cuando me di cuenta de que no era difícil hacerlo, empecé la autoproducción. Ahora está entre esos platos que hago sin pensar, a ojo, como la salsa de tomate o el gazpacho. Es un buen plato para una merienda o como aperitivo de una cena, y viaja muy bien así que es ideal para llevar a un picnic.

Se puede comer con su acompañamiento tradicional, el pan árabe, o pita (calentado un poco y cortado en cuartos), pero también queda bien con totopos (los chips de tortilla mexicana) u, opción sana, con crudités - cualquier verdura crujiente como zanahoria, apio, pimiento o hinojo.

El ingrediente fundamental que no pude faltar es la tahina (también se puede llamar tahin o tahini). Es una pasta de semillas de sésamo, alimento común en todo el Medio Oriente. Suele venir en grandes botes de plástico de medio kilo, y si tenéis la suerte de tener una tienda árabe o una carnicería halal a mano (como yo cuando vivía en Madrid) es probable que la tengan, y a buen precio. En Sevilla encuentro sólo tahina griega en el Club del Gourmet de El Corte Inglés, por unos 3,50€ el bote: no es poco, considerando que se utiliza bastante cantidad.

En las tiendas de alimentos biológicos también se encuentra tahina, de un color muy oscuro: a mi personalmente no me gusta, porque tiene un sabor demasiado fuerte, distinto.

Esta receta va dedicada a Rafa y Fran, a los que antes gustaba el hummus del Taibísimo, y ahora espero que ya no. ;)

El hummus es un plato difundido en todo el Medio Oriente, desde Egipto hacia este, llegando hasta Grecia y Turquía, pasando por Israel, donde es plato nacional (muy a pesar de sus vecinos). (Todos los couchsurfers israelianos que hemos acogido viajaban con su bote de tahina, qué maravilla!). Se come en todas las comidas, pero es un típico plato de desayuno.

HUMMUS

  • 250 g de garbanzos cocidos
  • 1 cucharilla rasa de sal
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 vasito de zumo de limón
  • 1/2 vasito de tahina
  • 1 tacita de agua

para decorar:

  • aceite de oliva, perejil picado, comino en polvo, aceitunas negras, pimentón

para comer:

  • pan árabe (pita), totopos (chips de tortilla de maíz fritas), crudités (zanahoria, pepino, apio, pimiento, coliflor, hinojo crudos y cortados en trozos pequeños)

Batir todos los ingredientes en una batidora o con la minipimer, hasta obtener un puré ligeramente sólido. Probar el gusto y ajustar de limón, sal o tahina (esto es como el gazpacho, hay que ir probando).
Extender el puré en un plato y decorar con aceite de oliva, comino en polvo o pimentón. También le quedan bien unas aceitunas negras.

Receta adaptada de Salah Jamal, “Aroma Árabe”

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Panecillo chino vs Sushi Man – otro vídeo de comida, divertido más que instructivo

14 Enero, 2010 · Dejar un comentario

Yo sigo prefiriendo un ikura maki.

(Por cierto, me encanta el ikura – huevas de salmón – y me encanta en maki sushi. Pero en todos los restaurantes japoneses donde he comido, en Madrid o en Sevilla, el alga nori del ikura maki está reblandecida, haciéndolo muy poco apetecible. Algún día, Tokyo, algún día).

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Tarta de manzana a triple velocidad – otro vídeo

14 Enero, 2010 · 2 comentarios

Un vídeo muy limpio, bien hecho, sencillo y claro. Me encantaría saber hacer algo así.

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Pelar un huevo en diez segundos – hoy va de vídeos

14 Enero, 2010 · Dejar un comentario

Me estoy poniendo al día con los feed de GReader, y he vuelto a cruzarme con este vídeo de Sprintcuts. Aún tengo que probarlo, ya os contaré cuando lo haya hecho.

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Margherite di Stresa (o Galletas de flor) – las recetas de la #twittarta navideña

13 Enero, 2010 · 8 comentarios

Después de casi un mes de pausa (Navidad, familia, vacaciones escolásticas), vuelvo con las recetas de la twittarta de diciembre. Otra receta dulce, las Margherite di Stresa: unas galletas originarias de Stresa, un pueblo del Piamonte a las orillas del Lago Maggiore. En español las llamo las galletas de flor, por la forma que tienen.

Estas son las galletas con mejor relación dificultad/resultado que conozca. La masa es un placer de manejar, sencilla y sin riesgos: una especie de masa quebrada con la que no hay que tener especiales cuidados. Me la sugirió hace dos años Elena, que aunque sea originaria de Piamonte encontró la receta en el forum de la clásica revista de cocina La Cucina Italiana.

Intenté venderlas a un bar en Sevilla, pero al llegar el momento de que las probara el dueño, no quiso ni tocarlas porque llevaban mantequilla. Pues sí, son galletas; llevan mantequilla, y buena, y mucha. Por eso están tan, tan, tan ricas. No se pueden comer por docenas, pero una o dos con una taza de café es un lujo que todos podemos permitirnos.

Se mantienen bien. De hecho, mejoran con el tiempo. Guardadas en una caja de lata, aguantan más de un mes – al parecer de hecho ese es el tiempo mínimo para que sean perfectas. A mi nunca me han aguantado mucho, cuando las preparo en una semana o dos las he regalado todas. Con unas dos horas totales de trabajo tenemos una caja llena de galletas friables y mantecosas (la receta da por unas 50) que podemos luego ir tomando día tras día sin temor a que se estropeen.

MARGARITAS DE STRESA

Para unas 45-50 galletas

  • 250 g de mantequilla blanda
  • 120 g di azúcar glas, más para espolvorear
  • la piel de medio limón rallada fina
  • una pizca de sal
  • un poco de vainilla molida
  • 4 huevos duros (las yemas)
  • 200 g de Maizena
  • 200 g de harina de repostería

Calentar el horno a 200°C.

Abrir los huevos, desechar las claras y las cáscaras y extraer las yema duras. Pasarlas por un tamiz (un colador de té por ejemplo).

En un bol poner la mantequilla cortada en trocitos, el azúcar glas, la ralladura de limón, la sal y la vainilla, las yemas tamizadas, la Maizena y la harina. Amasar rápidamente con las manos hasta obtener una masa homogénea. Para que tomer cuerpo se puede ir apretando la masa – será algo friable, no elástica.

Formar una pelota algo aplastada y ponerla a reposar en el frigorífico, envuelta en film transparente, unos 20 minutos.

Ahora hay que estender la masa y recortar las galletas. Se puede estender la masa de la forma más tradicional – poner un poco de harina en la encimera, e ir estendiendo con el rodillo. Yo utilizo una técnica que aprendí de El Rincón de Bea, que me da muy buenos resultados con todas las galletas de este tipo: se trata de estender la masa entre dos hojas de papel sulfurizado. De esta manera no hace falta utilizar harina (que podría perjudicar la consistencia de las galletas).

Poner entonces en la encimera una hoja de papel sulfurizado (yo utilizo las de Mercadona, que vienen precortadas en tamano bandeja de horno y son muy prácticas), encima la masa, y encima otra hoja de papel. Con el rodillo se va aplanando la masa hasta llegar al espesor deseado -en el caso de las Margherite, 1 cm.

El espesor se puede establecer a ojo, o utilizando unas guías. Yo tengo unas guías de metacrilato (creo: algún material plástico) que me trajo Elena de Italia, que se pueden conseguir en cualquier ferretería: son unas láminas de plástico espesas 0,25 / 0,50 y 1 cm respectivamente (dos de cada medida).  Poner las guías a cada lado de la masa, y se va estirando con el rodillo: cuando éste llegue a rodar encima de las guías, habremos llegado al espesor deseado.

Cortar las galletas con un corta pastas, idealmente uno en forma de flor de 5 cm de diámetro. Se pueden recortar sencillamente círculos, o utilizar otras formas – yo usé esta masa para hacer las alas para tazas:

Disponer entonces las galletas distanciadas entre sí en una placa de horno cubierta de papel sulfurizado. Con el pulgar formar un hueco (sin llegar al fondo) al centro de cada margarita. En cada bandeja caben unas 20 galletas, así que habrá que hornearlas en dos tandas (a menos que no tengáis un horno con ventilación muy bueno. Yo aún no).

Hornear cada bandeja unos 10 minutos, a 200ºC. Las galletas se quedarán de un color bastante claro, así que hay tener cuidado de no hornearlas demasiado.

Dejar que se enfríen en la bandeja y espolvorearlas con azúcar glass.

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